Oblomov, por Goncharóv

“Las maneras del joven eran mesuradas y suaves y en ellas se echaba de ver una especie de pereza o languidez no exenta de gracia, aun en los momentos en que Oblomov parecía estar preocupado por alguna cosa. Cuando sucedía esto, se le empañaban los ojos, su frente era surcada por numerosas arrugas y una mezcla de vacilación, melancolía y temor aparecían en su rostro. Pero muy raras veces se concentraba su inquietud en una idea determinada y, mucho más raro aún, le impulsaba a tomar una decisión cualquiera. Por lo común, se expansionaba dejando escapar un suspiro y luego enterraba su inquietud en la apatía y en la somnolencia. ”

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