Tanta es nuestra sed

«Nosotros los rusos, cuando llegamos a una orilla, o creemos que lo es, nos alegramos de tal modo que enseguida perdemos el sentido de la
medida… Si un ruso se convierte al catolicismo, se hace jesuita sin falta y uno de los más agresivos; si se hace ateo, empezará a exigir, sin falta
que se extirpe por la violencia la fe en Dios… No es sólo por vanidad, no es sólo por malos sentimientos vanidosos por lo que hay rusos ateos y
rusos jesuitas, sino también por dolor espiritual, por sed espiritual, por nostalgia de unos ideales supremos, de una orilla firme, de una patria en
la que han dejado de creer porque no la han conocido nunca. ¡Le es tan fácil a un ruso hacerse ateo! ¡Le es mucho más fácil que a ningún otro
hombre del mundo! Y los rusos no sólo se convierten en ateos, sino que creen sin falta en el ateísmo como si se tratara de un nuevo credo, sin
darse cuenta de que han puesto su fe en una negación. ¡Tanta es nuestra sed!»

Dostoevski, “El Idiota”

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