”  A veces las fronteras se deslizan o se confunden…”

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A veces las fronteras se deslizan o se confunden: basta con estar allí en aquel
momento. Yo presencié cómo le ocurría esto a un cuervo. Este cuervo es vecino mío. Jamás le he hecho el menor daño, pero tiene buen cuidado en mantenerse en la copa de los árboles, volar alto y evitar la Humanidad. Su mundo empieza donde se detiene mi débil vista. Ahora bien, una mañana, nuestros campos se hallaban sumidos en una niebla extraordinariamente espesa, y yo caminaba a tientas hacia la estación. Bruscamente, aparecieron a la altura de mis ojos dos alas negras y enormes, precedidas de un pico gigantesco, y todo se alejó como una exhalación y con un grito de terror como espero no volver a oír otro en
mi vida. Este grito me obsesionó toda la tarde. Llegué hasta el punto de mirarme al espejo, preguntándome qué habría en mí de espantoso…

Por fin comprendí. La frontera entre nuestros dos mundos se había borrado a causa de la niebla. El cuervo, que se imaginaba volar a su altura acostumbrada,vio de pronto un espectáculo sobrecogedor, contrario para él a las leyes de la Naturaleza. Había visto a un hombre que andaba por los aires, en el corazón mismo del mundo de los cuervos. Había presenciado una manifestación de la rareza más absoluta que puede concebir un cuervo: un hombre volador…

Ahora, cuando me ve desde arriba, lanza unos pequeños gritos, y yo descubro en ellos la incertidumbre de un espíritu cuyo universo se ha desquiciado. Ya no es, ya no volverá a ser jamás como los otros cuervos…

“Le matin des magiciens” – Jacques Bergier et Louis Pauwels

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en imitant à Dujardin

Le ciel est calme, le brouillard descend dans les rues, je suis calme, le champ cède son brouillard à la ville, le silence, le champ sourd et solitaire, il reste pensif, rêveur, je rêve aussi, j’ai froid, les contours des passants deviennent confus, brumeux, les toits accueillent des gouttes d’eau qui planent, le feuillage, l’écho des talons sur le pavé est atténué par le feuillage, il n’y a plus de passants, les rues engourdies coulent, j’ai toujours froid, ou c’est, peut-être, mon âge. Une voix fine s’éparpille sur le froid, résonne sur les toits, tombe sur le pavé, un oiseau orne l’air froid avec son collier de sons, des cristaux de gouttes d’eau, tout est immobile, je suis immobile, ma main, hier, une petite main jeune et chaude toucha la mienne, je suis effectivement âgé, mes mains sont laides et froides, la petite fille du boulanger, quelle tendre créature, quelle solitude, quel froid. Les chats réchauffent les toits au lieu de cheminées, les chats mouillés,  je suis seul, les troupeaux errants, là, loin de la ville, sur le champ, les clochettes de ces bêtes, de précieuses bêtes, sonnent comme un chant religieux, calme, je reste calme et vieux.

– En imitant le monologue intérieur de “Les lauriers sont coupés”

–  L’exercice pour la matière Poesía y Narrativa Francesas: Siglos XIX y XX, dirigée par Vicenta Hernández Álvarez

– Faculté de Philologie, Département d’Études françaises USAL

 

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“…quite happy here without me”

 

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I am writing these lines sitting outdoors, in winter,

on a white iron chair, in my shirtsleeves, a little drunk;

the lips move slowly enough to hinder

the vowels of the mother tongue,

and the coffee grows cold. And the blinding lagoon is lapping

at the shore as the dim human pupil’s bright penalty

for its wish to arrest a landscape quite happy here without me.

Brodsky

 

 

los pájaros, la noche

Aquella noche cantaban los pájaros.  Su voz cautelosa fluía como un joven arroyo, casi murmurando, casi escondiéndose, casi ilusión. ¿Qué buscaban en la noche? Seguramente, tienen un menudo espacio iluminado, muy propio, imperceptible, donde canturrean, susurrando. Una lámpara entre las ramas, una luz silenciosa, para no agitar la noche, para no conmover el tiempo.
Los pájaros no cantan para la oscuridad.

 

STROFE VENEZIANE (2) Brodsky

“E via di corsa,

come scolari sopra le ringhiere

con la bacchetta, i primi raggi battono

sopra colonne, arcate, alghe, mattoni.”

 

” Scialuppe, motoscafi, lance, barche,

come scarpe spaiate del Creatore,

calpestano con zelo archi e pinnacoli,

l’espressione del volto.”

 

“Due, tre grassi piccioni che si staccano

da un capitello son fatti gabbiani:

questa la tassa per volar sull’acqua…”

 

 

 

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